¿Cómo afectan los diferentes tipos de suelo al vino?

Generales
06
04
2021
¿Cómo afectan los diferentes tipos de suelo al vino?

La amplia variedad de factores que condicionan la calidad de los vinos puede resultar abrumadora. Llamamos terroir o terruño a todos esos elementos que están en la naturaleza y escapan a la mano del viticultor y el enólogo: suelo, clima, ecosistema que rodea al viñedo…

De todos ellos, quizás el que más confusión crea sea el suelo y como este puede influir en el producto final. Debemos de comprender que la vid es una planta que se desarrolla y crece alimentándose de unos nutrientes y agua de un suelo determinado, por lo que sus componentes realmente SÍ afectan a su fruto, que es la uva. Por lo tanto, también ha de afectar al vino que después las bodegas elaboran con ella.

El estudio de suelos es muy complejo y hoy en día sigue siendo difícil determinar exactamente qué cualidades le aportan al vino. Sin embargo, de manera resumida podríamos considerar lo siguiente:

  • Suelo calcáreo: Complejos y con mineralidad.
  • Suelo arcilloso: Con cuerpo, color y taninos abundantes.
  • Suelo granítico: Vinos redondos y sutiles.
  • Grava o canto rodado: Estos vinos tienen mucha fruta, son complejos y minerales.
  • Calizo: Sus vinos devuelven fruta y mucha estructura.
  • Arenoso: Vinos con cuerpo medio y ligera acidez.
  • Limo: Vinos ligeros.

El suelo ideal para un viñedo es aquel que tiene pocos nutrientes, drena muy bien el agua y, a su vez, permite que esta esté en la proporción justa y necesaria para su desarrollo. La vid necesita agua para desarrollarse en primavera y, una vez ha pasado el envero, la planta debería sufrir una falta de agua o estrés hídrico para que la uva madure antes de ser vendimiada.

Debemos diferenciar entre el origen del suelo y su textura. El origen y la composición química del suelo no es un factor tan importante como lo es la textura. El suelo tiene partículas finas y otras más grandes. Las más finas se denominan arcillas, a las intermedias les decimos limos y a las más grandes, arenas. Si queremos un suelo que absorba poca agua y drene bien, un suelo franco-arenoso será ideal para desarrollar una vid sana con rendimientos bajos que nos aseguren la calidad. De hecho, es una norma no escrita el hecho de que un suelo no es apto para viticultura si los componentes arcillosos superan el 45% del conjunto.

En el Valle de Secastilla tenemos una variedad de suelos alta. En la parte más alta, podemos encontrar conglomerados y lutitas: canto rodado de un tamaño considerable que mantiene un buen drenaje de la planta y al ser calizo de color blanco, ayuda a estabilizar la temperatura de la planta. Esto desemboca en vinos con buen grado alcohólico, equilibrados y con buena acidez.

A medida que descendemos por el valle, las colinas forman partes convexas en las que los suelos tienen una mayor cantidad de arcilla y yesos. Estos suelos retienen más agua y nutrientes, alargando el proceso de maduración de las uvas. Como resultados, obtenemos unos vinos con más cuerpo, color y extractos aromáticos.



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